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Arturo Díez Boscovich

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“Ya no se lleva el director dictador”

 

 

Entrevista desenfada al director de orquesta malagueño Arturo Díez Boscovich, publicada en diario SUR en el suplemento gastronómico 'Málaga en la Mesa'. El joven músico, director del musical 'Los Miserables', hace un ligero repaso a su trayectoria y a su concepto de la música, a la vez que dialoga sobre sus gustos culinarios.

 

“Me convierto en una persona muy fácil si hay dulces por delante”

 

(Entrevista publicada en Diario Sur, en el suplemento 'Málaga en la Mesa', realizada por Cristina Alcaraz)

 

Dicen que el musical ‘Los Miserables’, que se llevó a cabo en el Teatro Cervantes hasta el 20 de julio, puede gustar más o menos, pero que es impactante. Y no lo es menos almorzar con su director musical, Arturo Díez Boscovich. Director, compositor y pianista, este malagueño que ha dirigido la Orquesta del Teatro Nacional de Ucrania, la Filarmónica de Málaga o la Orquesta del Estado de Sibiu (Rumanía), entre otras, tiene la impactante edad de 35 años. Pero además, impacta que a los 16 estrenara en la Catedral su primera obra sacra y que a los 18 cogiese la batuta para estrenar y dirigir en el primer Templo malagueño una de sus obras sinfónicas.

 

Pues bien, Boscovich sigue sorprendiendo. Al mediodía de un domingo de terral, el Paseo Marítimo de Pedregalejo es un hervidero. Niños que ríen jugando con las olas, familias que acoplan sus pertenencias  en la arena y un paseo en el que luce con sus mesas impecablemente vestidas y todo apeteciblemente dispuesto el restaurante Mar de Pedregalejo. Allí esperamos a nuestro director musical que, mezclado entre el mar de gente y bajo el sofocante calor, pasa inadvertido. ¿Por qué? Porque Arturo Díez vuelve a sorprender con su aspecto de chico joven, moderno, camisa negra, pantalón beige y gafas Ray-ban.

 

“Una coca cola zero”. Esa es la bebida elegida para calmar la sed de este artista que asegura que le encanta comer, pero que tiene que controlarse porque no se siente a gusto cuando tiene algún kilo de más. “Es que soy muy goloso; en realidad creo que podría conquistárseme por el estómago, porque me convierto en una persona muy fácil cuando hay dulces por delante”, confiesa Boscovich.

Conchas finas, búsano, bolos, gambas blancas de Málaga, quisquillas de Motril, descargamento de atún tocao, coquinas, espeto de salmonete, ensalada de pimientos, choquitos plancha, puntillitas fritas, boquerones al limón, lubina salvaje a la sal y, para el postre, helado de Lauri y milhoja y lengua de Obispo de la confitería Ávila son los platos que nos ofrecen desde Mar de Pedregalejo.

 

“Hay que hacer la música más atractiva. Hay un sector muy conservador que da una imagen que no debiera darse de lo clásico y que hace que no se acerque mucho público joven a este tipo de música. Hay como una solemnidad y una rectitud excesiva, es todo demasiado serio”, confiesa Boscovich, un joven que se ve en muchas ocasiones en la tesitura de tener que dirigir a músicos que le superan en edad casi 20 años, algo que afirma, no le preocupa. “La orquesta juzga al director cuando empiezas a trabajar. Hay que ser muy psicólogo para dirigir a tantos músicos. Tienes que utilizar un liderazgo asertivo, ya no se lleva el director dictador. A mí me gusta mucho motivar a los músicos y crear un buen clima”, explica Boscovich, mientras recibe con alegría, a pesar del terral, los rayos de sol en la cara.

 

“Uf, es que tengo color de foso de orquesta”. Y es que desde que hace algunos meses se estrenara 'Los Miserables', Arturo D. Boscovich vive volcado en las funciones. “Es agotador, gasta mucho, porque tienes que estar dirigiendo a los músicos y pendiente del escenario. El trabajo en el foso es de los más complicados que hay. Con una orquesta, el director se luce más, pero en el foso tienes que conseguir que los músicos y los cantantes sean uno”.

 

Con funciones casi todos los días y doblando algunos de ellos, Boscovich afirma que en las giras lo de controlar la alimentación se vuelve muy complicado. “En las dobles funciones, termino llevándome al camerino un tupper, porque no hay tiempo. Me suelo preparar algo de carne y ensalada, no soy buen cocinero. Realmente, no soy muy habilidoso para casi nada”, asevera humildemente este malagueño que ha estrenado temas suyos en Nueva York, por ejemplo, o que ha obtenido diversos premios internacionales por sus composiciones para cortometrajes como ‘Fuga’.

 

“La herramienta de la música es muy poderosa en el cine. Es muy descriptiva, te transporta a la película”, describe con pasión, ya que confiesa que el mundo de las bandas sonoras le fascina desde pequeño. Por eso, entre sus sueños está componer la música para un largometraje y dirigir ‘El Fantasma de la Ópera’. Pero lo cierto es que tras hablar con él, ya en el café y antes de pedir un taxi (“no sé conducir”, comenta para seguir sorprendiendo), uno piensa que Boscovich puede lograr todo lo que se proponga, porque este joven, que dice encontrar en su trabajo su liberación y que su esencia está en el Arturo director, más que en el pianista o en el compositor, podrá, como el musical que ahora dirige, gustar más o menos, pero sin duda es hoy día uno de nuestros malagueños con una proyección nacional e internacional más positivamente sorprendente.

 

EN DOS PALABRAS

 

-¿Cuál es su plato preferido de la cocina malagueña?

-La ensalada malagueña.

-Dígame un alimento que deteste.

-La alcachofa.

-¿Un alimento que nunca puede faltar en su despensa?

-Los yogures. Los que como son los desnatados, pero los que realmente me gustan son los que tienen trozos de frutas.

-Dígame un plato y una música para una cena perfecta.

-Una pasta bien hecha y cualquier tema de Henry Mancini.

-¿Con qué personaje del mundo de la música de cualquier tiempo le gustaría compartir mesa?

-Con John Williams, es de los que más admiro y de los que más me han inspirado.

-¿Cuál sería para usted una cena miserable?

-Cualquiera con demasiada verdura. Un plato de verdura al vapor, por ejemplo.

-¿Por qué le ha gustado comer en Mar de Pedregalejo?

-Porque estaba todo riquísimo y se ve que saben cocinar el género con mucho cariño y se nota que el pescado es muy fresco.